17 julio, 2011

De ADV, TQD y otras de esas páginas (o tal vez no)

Hoy he visto en TDQ un post de una chica que decía que se iba a someter a un duro proceso quirúrgico para poder perder peso y luego zorrear y vengarse de todos los que la despreciaban por ser gorda. Y me ha puesto los pelos de punta.

Se supone que antes de pasar por una operación así, te hacen una consulta psicológica para estar seguros de que no te operas sufriendo algún desequilibrio. Y digo "se supone" porque la consulta efectivamente se realiza, pero es de cachondeo. Te pones delante de un médico que te dice que la operación no es la panacea universal, que vas a tener que seguir haciendo dieta y que te pregunta si vomitas después de comer. Claro, como que si una fuera anoréxica y quisiera una reducción de estómago lo iba a confesar así, alegremente... Es por esto que luego aparecen casos como el de la chica que comentaba.

Y es lamentable. Lamentable, porque nadie realmente te informa de lo duro que va a ser (y lo es un rato), de lo muchísimo que va a cambiarte la vida, de cómo vas a tener que cambiar todos tus hábitos, quieras o no, de cómo durante dos años vas a llevar una vida normal a duras penas... Nadie te cuenta la realidad. Te hablan, eso sí, de anestesias, cortes, limpieza de puntos y procedimientos quirúrgicos. Pero nadie habla del después, de cuando los puntos se han ido. Y, por supuesto, no pasas por más consultas de psiquiatría después, y creedme si os digo que es cuando más se necesitan.

Esa chica me da pena, mucha pena. No sabe lo que se le viene encima, no tiene ni idea. Y lo hace por los motivos equivocados. Cuando no pueda más de dolor y el único recurso que le quede sea llorar hasta quedarse dormida, cuando tenga que ponerse la heparina durante días y note cómo arde por dentro, cuando vomite cada día hasta perder las fuerzas... entonces, el único consuelo que queda es saber que lo haces porque después estarás mejor, te sentirás mejor, estarás más sana. Dudo mucho que en esos momentos piense en lo buena que va a estar y en cómo se las hará pagar a todos aquellos que la despreciaron... Dudo que ese odio la sostenga cuando no pueda más y lleve dos meses sin comer nada sólido.

Y me parece lamentable que se pueda operar, así, sin más. Sin apoyo, sin nadie que le haga vez que eso de zorrear es lo que menos importa, que no hay mayor recompensa que subir unas escaleras sin creer morir al llegar arriba o poder echarte una carrera para coger el autobús sin tener que estar el resto del trayecto recuperando el aliento...

Sí, la estética importa, por supuesto. Poder entrar en una tienda y encontrar ropa que te valga, dejar de tener miedo a las fotografías o a bailar en público, claro que importa. Pero no puedes basar en eso un cambio tan radical, tan absoluto y drástico de tu vida.

No, yo no soy la misma que hace casi dos años, y no sólo por los 40 kilos menos que peso. Ahora hay muchas cosas que no puedo hacer, pero que se compensan con el resto que sí y que antes no hubiera sido capaz. ¿Ponerme un vestido y tacones? ¡Claro! Pero es sólo una más, y ni siquiera de las más importantes.

En fin, a lo que iba, que esa chica me da muchísima pena. Y a todo esto, os recomiendo las páginas enlazadas, son divertidísimas :P. Me he ido por las ramas, lo siento. Es lo que tiene escribir a vuelapluma y desde el hígado. Que se habla directamente, sin pasar por el tamiz de la racionalidad.

30 junio, 2011

De Facebook y otras redes sociales

Está muy de moda ahora entre politólogos, psicólogos y gafapastas sin dos dedos de frente el avisar de los peligros de las redes sociales. ¡Son malas! ¡El demonio! ¡Cuidado, que viene el lobo! Gilipolleces.

No es la primera vez que tengo que escuchar cosas como estas. Pero algunas, me dejan ojiplática (cómo me gusta esa palabra...). Ayer, viendo las noticias, escuché que un estudio de una universidad española dejaba clarísimo que si pasas más de tres horas frente a un ordenador, es muy probable que acabes enganchado a las drogas. Anfetaminas, marihuana y cocaína decían textualmente... Joder, llevo media vida drogándome y yo sin enterarme...

Las redes sociales son el nuevo caballo de batalla, igual que antes fueron los chats y luego el messenger. Son peligrosos para nuestros hijos, son dañinos, aislan, distancian, hacen caer en depresiones, ¡cuidado! Mamarracheces. Eso, o yo estoy muy enferma, que puede ser.

Tuve mi primer ordenador a los 17. Y mi conexión a internet a eso de los 19. Desde entonces, y a no ser que esté incomunicada en un lugar sin cobertura o en el extranjero, cada día me conecto. Y la mayor parte del tiempo, paso muchas más de tres horas en redes sociales. Y antes pasé tardes enteras en el messenger, y mucho antes de eso, quemé la tarifa plana de Terra durante las noches de los fines de semana en un chat. Aún así, ni me voy a suicidar, ni me drogo salvajemente, ni se puede decir que no tenga vida social.

Comenzaré por el principio. Allá por mis tiernos 19, en Navidades, un amigo de la facultad me invitó a pasar por un chat en el que él participaba. En vacaciones no nos veíamos (algo raro, por lo visto, pero que era norma entre el grupo de amigos), y así podríamos mantener el contacto. Entré, vi y vencí como aquél que dice. No sólo hablé con él, conocí a un montón de gente maravillosa con las que compartí horas y horas de charla, momentos maravillosos de mi vida y otros no tan buenos. Y también conocí a gente que no merece la pena recordar, como en todos los ámbitos de la vida. Al contrario que en nuestra vida "normal", en un chat, en ese al menos, no importaba una mierda tu físico, edad o estatura. Sólo lo que tenías que decir. Para alguien que, a pesar de no estar acomplejado, siempre ha sufrido la tara de ser "la gorda", eso es un mundo. Por primera vez importaba quién era yo, por primera vez se miraba más allá, de entrada, como primera impresión. Y ahora, que venga cualquier gilipollas a decirme que eso es peligroso. Mis cojones.

Como en todo, tiene sus partes buenas y malas. Si no tienes la cabeza amueblada, es normal que acabes donde no debes, hablando con quien no debes y diciendo cosas que no debes. Pero el peligro no es el chat, el peligro es la educación recibida. Joder, yo sé que a un nickname al otro lado del ordenador no debo decirle dónde vivo, por lógica. Ni mandarle fotos de mis tetas... Pero porque he recibido esa educación. Si te sueltan como cabra al monte... la culpa y el peligro no es del chat, la culpa es de tus padres, por vestirte como una puta. He dicho.

Pues eso, que en ese chat fui yo, conocí a gente estupenda, pasé momentos maravillosos y... un día, simplemente acabó. Como todo, sigue un ciclo vital. Personas que en ese momento eran importantísimas para mí, desaparecieron de mi vida. O yo de las suyas.

Luego vino el messenger, entretenido, pero que me enganchó menos. Hasta que llegó un día en que una de esas personas importantes del chat, el viejo general, me habló de un juego on line. Primera noticia que teníamos mutuamente en años, pero aún así, no importó. Retomamos el contacto, jugamos, dedicamos nuestra vida a ese pequeño pedazo de espacio en Internet. ¿3 horas? ¡3 días seguidos sin apartarme llegué a estar! Y aún así, cuando había cosas que hacer en la "vida real", apagaba el ordenador y salía. Lo dicho, cabeza bien amueblada, y saber dónde hay que colocar cada cosa.

Aún así, ese juego, y el que lo siguió, me permitió también conocer gente de muy diversa procedencia. Gente con la que compartir aventuras, romances virtuales, y miles y miles de escritos. De este juego, del primero y mejor, conservo aún gente a mi alrededor, y uno de mis mejores amigos apareció en mi vida gracias a esta adicción. Un desmemoriado que no se podrá olvidar jamás.

Y después, después llegó Facebook. ¿Y qué me ha reportado esta red social? Una tremenda posibilidad de cotilleo, no nos engañemos :P. Pero también, y eso es mucho más importante, retomar el contacto con personas que creía perdidas para mí. Gente de mi infancia y adolescencia, compañeros de clase, habitantes de ese "Other"... personas que formaron parte de mi vida, una parte importantísima, y que había perdido. Ahora vuelven a estar ahí. Les tengo cerca, aunque vivan a miles de kilómetros. También me acerca a mi familia, me permite ver crecer a los míos a un mundo de distancia, me permite compartir sus vidas y que ellos compartan la mía.

Y ahora, que venga un gilipollas cualquiera a decir que internet, los chats y las redes sociales son peligrosas. Lo peligroso es la estupidez que atenaza a esta sociedad, el borreguismo que nos impide pensar con lógica y dos dedos de frente. Las redes sociales no alejan, no aislan, no hacen que te metas coca hasta las cejas. Eres tú quién hace todo eso. Igual que eres tú quien coge una katana y mata a su familia, y no el juego de rol al que estabas jugando. Son meras herramientas en nuestras manos, y tenemos que ser nosotros quienes les saquemos el máximo partido, sin perder nuestra esencia por el camino.

No soy una yonki, y la verdad, el día que me creé una cuenta en Facebook no sabía que me iba a devolver a tantos y buenos amigos. Tengamos un poquito de lógica y dejemos de decir sandeces. Aunque me da que eso es pedir demasiado.

13 junio, 2011

Escribir a máquina

Hoy, leyendo el artículo de Pérez Reverte, me ha asaltado una terrible melancolía. Yo, que paso mi vida pegada a un teclado de ordenador, he recordado esos momentos en que, en lugar de pantalla, una fina hoja de papel mostraba los resultados de mis avances.

Yo comencé en esto de la tecla a la temprana edad de 8 años. El 26 de junio de 1988 me regalaron por mi comunión (de ahí que la fecha esté grabada a fuego) una preciosa Olivetti Lettera 42. Una maravilla como ésta:


Tenía, como la de la foto, la cinta partida para escribir en negro o rojo, y un botón para borrar incluso. Oh, maravilla de maravillas. Era el último modelo, un capricho, que a mis ojos de niña de 7 años que acaba de hacer la comunión era una mierda.

Pero pasaron los días, pocos la verdad, y empecé a aporrear las teclas sin orden ni concierto. Pero me gustaba, así que mi madre, ni corta ni perezosa, me matriculó en una academia de mecanografía. Con 8 años. Sí, leéis bien. El problema, que a la directora de la academia se le olvidó comentar, es que hasta los 11 años no te dejaban examinarte del título. Así que, servidora, tardó 6 años en sacarse el título de Mecanografía (Por la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País, ahí es nada), mientras que otra gente, en un par de años lo tenían listo.

Pero lo hija de puta que era la Señorita Pili (bruja de mi infancia que representó mi única pesadilla en cuanto a temas de profesorado, pero que ella sola fue capaz de amargarme la existencia durante 6 largos años), lo comentaré en otro momento.

Ahora lo que me importa es esa sensación. Entrar en el aula donde estaban las máquinas, viejas Olivettis de hierro y teclas más duras que la madre que las parió, respirar el intenso olor a tinta que impregnaba todo el ambiente, escuchar el tactactac de las teclas... ahora, en estos momentos, más de 20 años después, lo recuerdo con cariño. En esa época, era una tortura, claro.

En esa academia, con esas viejísimas Olivettis, verdes en mi caso,


en esa academia, decía, aprendí el valor de las palabras. Grabé a fuego el orden de las teclas, tanto, que ahora mi portátil tiene algunas letras borradas y no es problema para mí. Aprendí a escribir "al tacto", como se decía entonces. Aprendí a amar ese dolor en los dedos, después de estar horas con el ASDFGF, ÑLKJHJ. Y aprendí a que, por mucho que quisiera la señorita Pili, jamás de los jamases emplearía el meñique para teclear.

Gracias a mis chorrocientas pulsaciones, conseguí mi primer empleo. Y a partir de ese regalo de comunión que tan inútil me pareció, creo que jamás he pasado más de dos días seguidos sin darle a la tecla, por un motivo u otro. Tengo que reconocer, eso sí, al hilo del artículo con el que he comenzado todo, que mi paso de la máquina al ordenador no fue traumático, al contrario. Teclas más suaves, más pulsaciones, más velocidad, mejor para mí. Aunque sí que se me ha quedado, como pequeño defecto de formación, una forma agresiva de pulsar las teclas, unos golpes demasiado fuertes que delatan a quien, en lugar de un teclado, aprendió a amar la escritura con esas teclas redondas y duras.

Odié tanto como ahora amo esas largas cartas de práctica en las que, después de dos folios perfectamente escritos, cometías la odiosa errata que lo daba todo al traste. Odié la historia de la Real Sociedad Económica Matritense, que tenías que transcribir, a pesar de que eso significaba que ya estabas en tercero y que la libertad estaba cerca. También hice un curso de taquigrafía, pero eso no me gustaba y supliqué por dejarlo. Nunca se me ha dado bien escribir a mano.

Y todo esto para reconocer que, como Arturito, yo hoy siento añoranza también de ese viejo trasto. De ese olor a tinta (parece mentira cómo se incrusta en tu cerebro, cómo te marca, cómo aún ahora puedo sentirlo si me concentro), de las marcas en los dedos al colarse entre las teclas, del dolor en las yemas después de horas de práctica. Mi primer diario lo escribí en esa máquina... Supongo que siento todo este cariño por ella porque, por fin, alguien como yo podía escribir con una letra bonita, y todo el mundo, de una puñetera vez, se fijaría en lo que decía, y no en lo feo de su apariencia.

Fui la primera en entregar los trabajos a máquina en el cole. Normal, a los 8 ya sabía escribir a máquina... Creo que jamás se lo he agradecido a mis padres. Un error imperdonable.

31 mayo, 2011

Cosas que he hecho

- He comido pez fugu utilizando la fórmula tradicional de "Ojalá que nos veamos mañana".
- He seguido mis principios, a costa de lo racional, de lo políticamente correcto.
- He escrito un blog (o lo intento).
- He firmado una hipoteca.
- He encontrado el amor.
- He paseado por la orilla del Tiber y el Sena.
- He tirado del carro cuando ha sido necesario.
- He metido la pata, y he pedido perdón.
- He visto naves ardiendo más allá de Orión.
- He llorado y he reído.
- He llevado un vestido precioso y unos tacones estupendos.
- He pasado por un quirófano.
- He sido tatuada.
- He hecho fotos de lugares mágicos.
- He guardado en mi memoria imágenes imborrables.
- He pasado noches en vela.
- He cambiado mi vida a los 26 años.
- He perdido y reencontrado a gente importante.
- He sufrido un jet lag espantoso.
- He escuchado el susurro del mar.
- He estado en un accidente de coche.
- He echado de menos. Y de más.
- He visto Lo que el viento se llevó en la pantalla grande, y en versión original.
- He hecho cosas de las que no estoy orgullosa. Y otras de las que lo estoy muchísimo.
- He estado en la Universidad.
- He montado broncas épicas.
- He estado en kdd's.
- He subido a lo alto de la Torre Eiffel.
- He bajado a lo más profundo de las catacumbas romanas.
- He escuchado una "misa" sintoísta. Y una católica en Notre Dame.
- He proporcionado apuntes a mis compañeros, y me los han proporcionado a mí.
- He conocido a G.R.R. Martin y a Punset.
- He sido apoyada incondicionalmente por la persona más importante.
- He hecho todo esto y más...

27 abril, 2011

Ella

Ya nada importaba. Ni siquiera correr. El deseo de cambiar, de comenzar de cero, de ser otra persona también había sido pisoteado. Ya ni eso le quedaba. Y lo peor es que no sentía dolor por esa pérdida, ni por ninguna otra. No sentía nada. Tan sólo esa profunda tristeza que todo lo anestesiaba. Capaz de matizar de gris hasta el negro más oscuro. Capaz de matarla, sin obligarla a cerrar los ojos.

Siempre le habían dicho lo fantástica que era, lo asombrosa que era, lo maravillosa que debería ser la vida estando en sus zapatos. Fuerte, abierta, simpática... Y ella lo creía. No tenía esa manida sensación de llevar una máscara. Esa era ella. Pero ya no lo era. No era maquillaje, no era una mentira. Simplemente, no podía más. Por no poder, ni siquiera sabía ya llorar.

Y ese día despertó naufragando en un océano inmenso. Y no le importó. Ya nada importaba. Ni siquiera tuvo consciencia de si abría o no los ojos. No le importaba tan siquiera eso. Pero no quería morir. Eso hubiera implicado una mínima chispa de energía, un mínimo deseo de voluntad. Y eso era todo lo que le faltaba. No haría nada, no sentiría nada, porque ya nada importaba.

"Te quiero" susurró una voz grave en su oído, tratando de no despertarla. Y esas palabras, una vez más, la encadenaron al deseo. Y volvió a ser esclava de la vida, esclava de la luz. Volvió a ponerse en pie, porque no todo daba igual, al fin y al cabo. Aún quedaba algo que sí tenía importancia.

26 abril, 2011

Soy una psicópata asesina, o lo que es lo mismo, juego al rol.

Hoy estaba leyendo un blog que trata sobre temas roleros, y en un post concreto me ha asaltado una epifanía. Joder, llevo más de 10 años jugando a esto... Eso es una pasada de tiempo.

Luego he recordado quién forma mi grupo habitual... y me he dado cuenta de que los 12 años que yo llevo jugando son una puta mierda cuando te juntas con gente que ha hecho sus primeras tiradas de dados en D&D 1ª edición y que entiende los chistes de Gaygax de los Simpsons... Pero coño, aún así, me siento orgullosa, que son un cojón de años :P.

Un día me preguntó un compañero de clase a qué juegos había jugado... termino antes haciendo la lista de aquellos a los que no juego. Casi todos somos masters en un momento u otro, y todos de juegos diferentes, por supuesto. Así que tenemos un amplio abanico donde elegir.

Pero yo tengo un secreto inconfesable. A pesar de que mi primera partida fue de Stormbringer, yo debo mi presencia en este mundo a ese gran juego que ha conseguido lo que ningún otro... la presencia de la mujer en las partidas de rol :P. Me refiero a Vampiro, por supuesto. Yo, como el 99% de las tías, entramos en esto porque Vampiro mola, porque es la imagen que tenemos de las novelas de Anne Rice, vampiros sensuales, poderosos y molones. Y así comienzas a picar. Pero afortunadamente, y no como el 90% restante de las féminas, cuando terminó (o se relajó) la fiebre Vampiro, yo me quedé, y seguí jugando. Y ahora... francamente, no me imagino un finde sin su partidita. Y no por la partida en sí, sino por todo el ritual. Quedar con los colegas, la birra fría, las bolsas de patatuelas, pedir la cena por teléfono...

Cuando yo comencé a jugar, quedábamos en casa de un amigo cuyos padres pasaban de todo. Era grande, podíamos jugar sin problemas de ruido, y sus padres no incordiaban. En aquellos momentos la verdad es que el tema cervecitas no aparecía todavía, que una a sus tiernos 18 añitos se portaba bien y todo. Ahí comencé con Stormbringer a dar espadazos a demonios y a abrir cerraduras para rastrear trampas. Adoraba ese juego, aunque luego se reveló como una gran mierda :P. Pero qué iba a saber yo entonces... Recuerdo como si fuera ayer la voz de la madre de mi amigo, cuando me acercaba a la puerta para marcharme. "¿Quién ha ganado? - Nadie, aquí no gana nadie. Ahh...". Y así semana tras semana, "¿quién ha ganado?". Hasta que fue más fácil ir diciendo nombres aleatoriamente :P.

Después este amigo me dejó el Pendragón, juego ambientado en la corte del rey Arturo. El sistema es lamentable, y el juego aburrido de pelotas, pero... ¡¡¡Estábamos en Camelot!!! Fue mi primera partida como master, y el primer desastre... pero de todo se aprende.

Y después... después llegó lo más grande. Vampiro: La Mascarada. Lo reconozco, el sistema cojea, la ambientación puede ser bizarra a veces, hay clanes que no deberían existir, los suplementos se han convertido en un infierno... Pero todo me da igual. Es y será siempre mi juego favorito. Me da igual que sea Mascarada, Edad Oscura o situar las partidas básicamente en la época que yo quiera. Me flipa, me encanta y es el juego con el que más disfruto. En él conseguí mis primeros éxitos como máster, partidas que aún se recuedan con cariño, momentazos históricos y epic fails que pasarán a la historia. Conozco cada regla, cada senda, cada personaje... y me encanta.

Alatriste, Arcana Mundi, Piratas, Warhammer, Leyenda de los 5 anillos, D&D son sólo algunos de los otros juegos a los que estamos jugando ahora, algunos de los que hemos probado. Sí, soy una newbie todavía si se me compara con algunos de mis compañeros de batallas. Pero... llevo ya 12 años disfrutando de este maravilloso entretenimiento. De los amigos, las birras y las pizzas a media noche. Y francamente, no me siento una psicópata.

Pero sí es cierto que aún hoy, tantos años después de que un desequilibrado cometiera unos crímenes usando el rol como excusa, todavía te miran raro cuando dices que juegas al rol. Y hasta he tenido que escuchar el "uys, con lo normal que pareces...". Soy normal, joder. Bueno, o todo lo normal que cualquier ser humano puede llegar a ser. No voy a convertir esto en una apología de los juegos de rol, sencillamente porque no lo necesitan. Es más un post recuerdo, un momento más de esta nostalgia que me posee en primavera. De esa añoranza de Claudia, la pícara ladrona. O de Selene, la Tremere arqueóloga. O Diego, mi mejor obra, ese Ventrue con camino de los reyes. O Tito, mi senador fiestero. Todos esos personajes que tanta diversión y buenos momentos me han dado. Y las enormes pifias que he hecho, que también las ha habido. Y lo que nos reímos ahora cada vez que las recordamos.

Buenos momentos con la mejor compañía, en definitiva. De eso se trata el rol, para quien no lo sepa. De disfrutar con los amigos.

01 abril, 2011

La primavera

No debería pillarme desprevenida, pero todos los años lo hace. Siempre parece que no, que este año va a ser diferente. Que por fin me he quitado la tontería de encima... Pero no es así. Todos los años llega la primavera y yo... yo la lío.

Astenia primaveral, creo que lo llaman. Yo lo llamo la depre de primavera. O más bien, que paren el mundo que yo me bajo. O me bajan a ostias, que viene a ser lo mismo. Los síntomas, entre otros, son falta de energía y motivación e irritabilidad. Estos son los míos. Y los sufro en una medida... alarmante.

Cuando llega el buen tiempo no me apetece hacer nada. Pero nada de nada. Todo lo que implique más énfasis que crear piel y respirar, me supone un reto tremendo. Sólo me activo para una cosa... tocar los cojones. Así es. La irritabilidad, esa gran desconocida. Tengo mala leche, eso es algo crónico, no estacional. Peeeero, en primavera todo me molesta, y lo que es peor, soy incapaz de refrenarme. ¿Por qué no, si todo importa una mierda? Y sólo después, en frío, me doy cuenta de la que he liado.

Y todo esto viene porque yo este año pensaba que lo estaba llevando bien, que apenas me afectaba. Pero ayer la lié en el Facebook de un amigo. Entré con saña y sin motivo a por un tipo, al que no conozco de nada, y que no me había hecho nada. A hacer sangre. Sin preguntar si a mi amigo le importaba y sabiendo que, con toda seguridad, le ponía en una situación desagradable... Pero todo eso lo vi después, cuando recapacité.

Y me jode. Me jode perder el control de ese modo, dejarme llevar, estar de tan mala ostia que no me aguanto ni yo. Me jode afectar a los que me rodean, a mis amigos, con mis paranoias. Me jode esta inestabilidad... Y ya es tarde para hacer nada más que pedir perdón. Al menos en ese caso.

Este año, lo bueno es que me he dado cuenta antes. Y me he dicho, Take it easy, nena. Respira, controla, y sobre todo... ¡aléjate de las redes sociales! Es tan fácil liarla sólo por liarla cuando quien está al otro lado te importa una mierda... cuando ni siquiera lo conoces. Hasta que ves que hay un nexo común que es al que jodes.

Así que... calma zen, nena. Relax, respirar, pensar dos veces antes de decir algo, conocer que eres una jodida borde y que a veces, debes estarte calladita. Y si quieres liarla, escribe un blog. Aunque sea como una forma mediocre de disculpa. O para soltar babas negras, lo que sea. Pero aléjate de las redes sociales y de todo contacto con otras pobres almas incautas. Y además, así estudias, jodía...

Así que... lo siento mucho si estos últimos días he estado más borde de lo normal. Y siento si voy a estar menos visible un tiempo. Es un beneficio para todos...

22 marzo, 2011

Semana no lectiva

Esta es la llamada "semana no lectiva" en mi facultad, es decir, una semana sin clases que deberíamos aprovechar para hacer tutorías con los profesores. Pero que en realidad aprovechamos para hacer trabajos en casa porque estamos hasta arriba. O a descansar el poco tiempo que nos queda.

A pesar de estarme tomando este trimestre de otra forma, sigo agobiadilla. Y aunque veo la luz del sol, echo de menos un cierto descanso. Esa sensación de estar realmente en paro, levantarte sin nada que hacer. Así que esta semana estoy aprovechando las mañanas precisamente para eso. Levantarme sin prisas, desayunar tranquilamente un contundente menú (para el tamaño de mi estómago), y después, sin prisas pero sin pausas, ordenar un poco ese nido que yo llamo mi hogar. Después de comer, las cosas de clase. Así, poco a poco, mi casa empieza a coger el aspecto de una casa normal y no el de un vertedero...

Tengo tan poco que contar, tantas ganas de escribir y tan pocos temas sobre lo que hacerlo... me tengo que obligar a abrir este blog, a comenzar a teclear, a perder la vaguería que me impulsa a la inactividad. Quiero hablar de cine, de literatura, de comics o de la Niña Medeiros... pero la verdad es que, por una cosa o por otra, no puedo.

Así que mis disculpas por hacer perder el tiempo. Esta entrada no sirve para nada, no cuenta nada, no opina sobre nada... Simplemente, lo necesito.

16 marzo, 2011

>_<'

Parece que con el desinfle de la rabia contra la prensa, se me va la inspiración. Esta es la tercera entrada del blog que comienzo y ni siquiera sé si la voy a terminar. Estoy exhausta, han sido días complicados ("complejos", abusando como dice Urrutia del término). Pero mañana al fin es "viernes" para mí. Sólo dos clases, con Collar y voilá.

Sólo decir que adoro el Skype.

14 marzo, 2011

Información y desinformación

Parece que no se habla de otra cosa, pero es mentira. Realmente, no se habla sobre el tema, y eso es lo que acojona. Me explico.

Viernes, 11 de la mañana. No tengo clase ni ganas de madrugar, tengo todo el día para hacer lo que tengo que hacer de clase. Enciendo el portátil, como siempre, y luego la tele. Normal, casos de crímenes en la Sexta que pongo de fondo. Veo en Facebook que ha habido un terremoto en Japón. "Otro más" pienso, y no le doy la más mínima importancia. Pero veo cosas en FB que me ponen sobre alerta, parece que ha sido algo un poco más gordo. Hago zapping en la tele, y nada, misma programación de siempre. "Pues no ha sido gordo", pienso, y sigo a lo mío.

Café y tostadas, un vasito de zumo, y nuevo zapping. Nada. Más crímenes, ahora en Australia, me gusta este nuevo programa. Ana Rosa habla del divorcio del periodista de T5 mientras hago zapping porque no soporto ver a la nietísima anunciar cremas hechas a base de baba de abeja, o algo así. Ninguna cadena cambia la programación, y como mi legítimo no aparece por Gmail, paso de hacer caso al portátil mientras desayuno tranquilamente.

Al final la tostada veo en Facebook que se habla de 8'9 en la escala Richter. ¿¡Cómo!?  Y un tsunami de olas de 10 metros... A ver, no puede ser. Nuevo zapping. Nada. Momento pánico. Se pasa, todo está bien en Tokyo. Vale, todo está bien. Ahora a ver qué cojones está pasando. La tele sigue sin decir nada. ¿Qué cojones hago? Google. "Terremoto Japón". Twitter. Facebook. Por fin me entero. La ostia puta. Nuevo zapping. Nada en la tele. No puedo creerlo.

Empiezo a quedarme pegada al portátil. Empiezo a buscar cosas en internet, a seguir la página de NHK y otras. Y sigo haciendo zapping, infructuosamente. Y así se resume mi fin de semana. Enganchada a internet porque la televisión ni se molesta. ¿Para qué?

Recuerdo un 11 de septiembre de 2001. 10 años casi. Yo pasaba mucho tiempo en un hospital por aquel entonces. Y caminando por los pasillos, vi la televisión de las habitaciones abiertas. Y vi un avión chocar contra el WTC. Quedé con unos amigos, en su casa, porque no podía creer lo que estaba pasando. Íbamos saltando de cadena en cadena, viendo lo que más nos interesaba en cada momento, porque TODAS estaban centradas en NY. La programación se paró, todo el mundo informaba.

Recuerdo un 11 de marzo de hace 7 años. Justo 7 años. Recuerdo despertarme, y ver a mi madre pálida en la cocina. Y decirme, "menos mal que has hecho huelga, hija" señalando la tele. Recuerdo ver imágenes durante todo el día, antes y después de ir a Callao a donar sangre. Recuerdo no poderme despegar de la tele, cambiando entre las diversas cadenas porque TODAS habían cortado la programación normal para hablar de los atentados.

¿Qué ha pasado? ¿Qué ha cambiado? ¿Por qué el mayor terremoto de la historia de Japón no es importante? ¿Por qué el tsunami no merece atención? ¿En qué clase de sociedad hemos mutado?

Siempre he dicho que cada cual tiene la televisión que se merece. Los programas sólo sobreviven en antena si cuentan con el apoyo de la audiencia, si a las cadenas les merece la pena mantenerlos. Eso quiere decir que desde el viernes, merece más la pena que sepamos todos los detalles de la escabrosa separación del periodista del corazón y, sobre todo, si su futuro ex-marido se folla a mujeres porque realmente no es gay o es sólo por dinero. No importa que haya explosiones, riesgos de fusiones, o miles de muertos, desaparecidos y desplazados. No importa que tres días después siga habiendo réplicas de hasta magnitud 6, o que se espere un terremoto nuevo de una magnitud de 7 antes del miércoles (70% de probabilidades, dicen los japos). No importa que toda una población esté teniendo un comportamiento ejemplar, que las fuerzas de seguridad hayan conseguido rescatar a más de 3.000 personas de las garras de la muerte. No importa que se estén partiendo el alma para conseguir meter agua de mar en un reactor y que no haya una catástofre nuclear. Nada importa. Sólo nos interesa la casquería de los famosos, que por fin hay beso de la puta, digo cantante de vocoder con el futbolista putero, o si la baba de caracol realmente hace que la Lomana se coma una hamburguesa.

Y no tiene sentido. Soy defensora de la televisión como diversión, y estoy enganchada a telebasura como la que más. No me pierdo Princesas de Barrio ni aunque me maten, y seguí con terrible interés las andanzas de Arturo pito duro y la pija de Sevilla. Necesito una televisión que, después de un día duro, simplemente entretenga sin más, y me proporcione mierda que olvidar antes de meterme en la cama. Pero hay días y días. Y un terremoto de 9 creo que es suficientemente importante como para cubrirlo un poco.

Y encima, lo que es peor, cuando en las noticias se molestan en mirar al este, lo que te encuentras es más casquería. Anoche, viendo el informativo de Cuatro, casi vomito bilis del cabreo que pillé. Tienen los cojones de dejar caer, veladamente porque ni siquiera tienen los huevos de decirlo en voz alta, que la situación en Fukushima es culpa del gobierno nipón. Por lo visto, un terremoto de 9 y un tsunami de olas de 10 metros no es lo que realmente ha causado el problema en la central. El problema es que el gobierno no ha reaccionado a tiempo. ¿Cómo cojones quieren que actúen más rápidamente? ¡¡¡Las putas olas han arrasado 10 km tierra adentro!!! ¿En qué momento van a poder actuar más rápido? ¡¡¡Es que eres gilipollas, periodista de mierda!!!

La verdad es que nunca me han caído bien los periolistos. Y menos los que tenemos que sufrir últimamente. Por un lado, becarios que deben cobrar una mierda y que trabajan acorde al sueldo, que no saben vocalizar ni redactar. Y por otro, chicas monas que, como en el caso de la del beso en el Mundial, no tienen ni la carrera, y que están donde están por una cara bonita, unas buenas tetas, o unas rodillas especialmente resistentes. A éstas, curiosamente, tampoco parece dárseles bien la gramática ni la ortografía, pero la lengua la deben dominar que da gusto. Es lamentable la manera de hablar de los periodistas de televisión, y creedme, lo he vivido, verles escribir es aún más escalofriante. Tenerle que corregir a un periodista muy muy conocido y respetado las faltas de ortografía te hacen perder la fe en ese gremio. Ver cosas como la grabación de la "confesión" de la mujer del asesino de la niña de Mari Luz, es repugnante.

Pero es que, además, ahora ya ni informan de las noticias que importan. Porque por lo visto, que el eje del planeta entero se mueva, es lo de menos. No vamos a cortar la programación. ¿Que Japón entero se ha desplazado? ¿Cuál es el problema?

No quiero pensar que el tema sea una cuestión de quién importa más, y por eso en unos casos sí haya cobertura mediática y en otros no. Que América interese más que Japón. Pero esa teoría me daría un poco de esperanza en este país. Lamentablemente, creo que simplemente, somos patéticos. Sin más. Y tenemos la tele que nos merecemos. ¡Arriba la Esteban!