05 agosto, 2008

Los tiempos cambian

Pues sí, aún recuerdo cuando en mi época infantil-juvenil de colegio e instituto, cuando un chico se daba una ostia del copón (y mira que las hemos visto grandes), siempre se hacía el duro. No me ha pasado nada, no me duele, es un rasguño aunque acabara de romper con la cabeza una puerta de cristal y sangrara como un cerdo... Pero esto ya no es así, no señor.

Tengo un sobrino de 19 años que es todo lo contrario. Y no es sólo él que sea un quejica, no... lo he podido comprobar con gente de esa generación. Antes, un chaval se piñaba y se levantaba como "aquí no ha pasado nada", para hacerse el machote. Ahora se quejan, lloran, suspiran, y agravan toda la situación, supongo que para dar pena y que la zorrón de su amiga les de curas y mimitos... porque hay que reconocer que si ellos son unos blandos, ellas son un poco bastante golfas...

Es increíble como tan sólo unos pocos años pueden suponer un avismo tan bestial... y es lógico que nada nos una a nuestros padres cuando empezamos a desarrollar nuestra propia forma de ser, cuando somos influídos por el entorno.

Yo recuerdo, cuando iba al insti sobre todo, que lo que se llevaba era ser diferente. Ir a la moda estaba mal, ser uno más era una mierda, eras una oveja, tío, y había que ser lobo. Ahora es todo lo contrario. Muchas veces voy por la calle y pienso, "¿Qué coño hace mi sobrino aquí a estas horas?". Pero cuando me fijo bien, no es él, sino un clon, perfecto y definido. Es increíble cómo su generación se basa en lo gregario, en hacer lo mismo que todos, en llevar la misma ropa (idéntica!!!!), el mismo corte de pelo, las mismas zapatillas... Yo recuerdo que cuando una amiga y tú os comprábais la misma camiseta, antes de salir de casa la llamabas para ver si se la iba a poner o no, para no repetir... Ahora lo que mola es ser parte de algo...

Quizá porque pertenezco a la otra generación esto me asquea tremendamente. Sí, lo sé, hablo como una abuela cebolleta, pero es lo que soy, en definitiva. No me siento joven, si joven significa ser como son ellos. Ahora ha vuelto a pegar fuerte el flamenco, y oyes mil veces por la calle, en mil móviles distintos (porque la educación, o más bien, su falta de ella, también es algo que los unifica), a Camarón y a Paco de Lucía... Patético...

Soy de la llamada Generación X, esa que no estaba conforme con nada, a la que le vendieron la moto de que estudiar es lo bueno y si no haces una carrera no eres nadie, a la que le prometieron el oro y el moro para luego darnos cuenta de que es la misma mierda de siempre, los descreídos, los desheredados, los que no tienen esperanza... Eso sí, cada cual con su propia desesperanza, que copiar es de mal gusto.

Soy mayor, definitivamente. No me gustan nada los jóvenes (leer con voz de abuelita), ni sus gritos y sus ruidos, no me gusta su uniformidad, y añoro, mucho, mi época, añoro a los chicos que no lloran nunca y menos si se rompen un hueso delante de la niña bonita de la clase, añoro nuestra falta de uniformidad aún llevando uniforme a clase, añoro el que no había raro de la clase, porque todos éramos raros... Añoro, en definitiva, mi infancia, como todos.

1 comentario:

amor y libertad dijo...

los mansos heredaremos la tierra

un beso